Esperanza

Me gusta sentarme en la silla que está junto a la ventana de mi pieza y mirar por la ventana. Se ven unos edificios no muy altos a lo lejos, y mucho cielo. A veces me siento simplemente a observar, y me parece tan bello que siento que quiero escribir, pero todavía no quiero salir del trance en el que mi mente se encuentra y, aunque escucho las palabras que vienen como de a lo lejos, me rehúso a mover los dedos; como si eligiera estar quietita como la planta que está a mi lado, y simplemente irme con la mirada en algún vuelo de pájaros, o en las nubes que se mueven y vaya a saber una adónde van. 

Los días así como hoy en los que está nublado, pero tan nublado que no se ven tanto las nubes, sino más bien un manto grisáceo de fondo, bien luminoso, como un flash que se prendió desde el más allá y me ilumina esta imagen que ahora puedo ver, me gustan mucho, porque puedo percibir cómo el mundo gira y se mueve, y nunca parece estar estancado. Se pueden apreciar unos pocos resabios de nubes, o de algo que es de un color un tanto más oscuro que el fondo, y se mueven a una velocidad que parece demasiado rápida para lo que en mi mente es el ritmo del universo. Pero de repente pasa un pajarito que abre sus alas y simplemente se lanza en el vacío del espacio que tengo enfrente, y a pesar de un segundo antes haberse movido más rápido que la nube, ahora simplemente se suspende, mientras esa masa gaseosa detrás se sigue desplazando a su paso constante. 

De a ratos parece estar todo inmóvil, y parece no pasar ningún pajarito volando libremente, ni se escuchan los cantos de éstos. Pero si soy lo suficientemente paciente y me quedo observando, siempre puedo ver que hay movimiento, que hay vida aún. Hay todavía diferentes tonos de grises en el cielo, y muchos otros pájaros que van y vienen, de a dos, de tres, de a cuatro; hay todavía luz y distintas velocidades que se superponen, y a mí todo esto me parece simplemente hermoso; me parece hermoso que cuando pensaba que no había nada que viviera para mí, el universo se me asoma por la ventana y me convida un poco de su maravilloso sabor a esperanza.

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