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Esperanza

Me gusta sentarme en la silla que está junto a la ventana de mi pieza y mirar por la ventana. Se ven unos edificios no muy altos a lo lejos, y mucho cielo. A veces me siento simplemente a observar, y me parece tan bello que siento que quiero escribir, pero todavía no quiero salir del trance en el que mi mente se encuentra y, aunque escucho las palabras que vienen como de a lo lejos, me rehúso a mover los dedos; como si eligiera estar quietita como la planta que está a mi lado, y simplemente irme con la mirada en algún vuelo de pájaros, o en las nubes que se mueven y vaya a saber una adónde van.  Los días así como hoy en los que está nublado, pero tan nublado que no se ven tanto las nubes, sino más bien un manto grisáceo de fondo, bien luminoso, como un flash que se prendió desde el más allá y me ilumina esta imagen que ahora puedo ver, me gustan mucho, porque puedo percibir cómo el mundo gira y se mueve, y nunca parece estar estancado. Se pueden apreciar unos pocos resabios de nube...

¿Cómo se vive en el presente?

  Me gustaría tener un manual que me indique cada paso certero para nunca abandonar mi existencia. Poder tener lo que poseo y ser quien soy hoy, acá. Que no me pese el futuro, y que el pasado sea una memoria lejana como mi almuerzo de ayer. Que las cosas que hago sean adornos a mi tiempo que no se agota fácilmente, y que parezco querer siempre retener. Si hubiera un banco de plazo fijo de tiempo, yo sería la primera en salir corriendo a depositar el mío. Conozco mucha gente que haría lo mismo pero con dinero, que es lo más común, y otras un tanto más especiales que lo harían con, por ejemplo, su profesión, sus hijos, sus parejas, sus amigos, y conozco también a aquellos que merecen mi mayor asombro que lo harían con sus ideales.  A mi me caracterizó siempre la implacable soledad de vivir; el encuentro con el propio ser me pareció siempre mucho más interesante que con cualquier otro ser humano. Las charlas en mi cabeza son siempre mejores que las reales, que están colmadas de i...

Pequeños Milagros Cotidianos

  No me cuesta mucho observar a mi alrededor y captar lo que no me pertenece. Lo ajeno para mí es sinónimo de cualidad propia. Me veo en eso que está externo, fuera de mí y me regocijo de hacerlo, me enorgullezco. Me voy toda enterita a un cuerpo distinto, distante. Me olvido por un segundo que yo venía primera . Espero en línea y me enojo cuando me percato, a la vez, que no tengo el control. "¡Qué vida la mía!" me digo, una y otra vez. No sé por qué espero que todo sea así siempre; me había acostumbrado ya a operar en el mundo; para afuera. Pensaba demasiado en el destino y muy poco en la partida. Como ausente en el presente, que no era para mí. Nunca el presente era para mí - nadie me había regalado todavía lo que de verdad significaba estar viva. Y en mi cabeza de niña inquieta, pequeñísima ante unas torres gigantescas, indefensa en los templos de sacrificio y alabanza a la muerte en los que me crié, mi cuerpito yacía recostado en el altar del Señor.  Nunca dudé, sin embar...