¿Cómo se vive en el presente?

 Me gustaría tener un manual que me indique cada paso certero para nunca abandonar mi existencia. Poder tener lo que poseo y ser quien soy hoy, acá. Que no me pese el futuro, y que el pasado sea una memoria lejana como mi almuerzo de ayer. Que las cosas que hago sean adornos a mi tiempo que no se agota fácilmente, y que parezco querer siempre retener. Si hubiera un banco de plazo fijo de tiempo, yo sería la primera en salir corriendo a depositar el mío. Conozco mucha gente que haría lo mismo pero con dinero, que es lo más común, y otras un tanto más especiales que lo harían con, por ejemplo, su profesión, sus hijos, sus parejas, sus amigos, y conozco también a aquellos que merecen mi mayor asombro que lo harían con sus ideales. 
A mi me caracterizó siempre la implacable soledad de vivir; el encuentro con el propio ser me pareció siempre mucho más interesante que con cualquier otro ser humano. Las charlas en mi cabeza son siempre mejores que las reales, que están colmadas de imprevistos y trabajo en entender y comunicarse con el otro; lo mismo con los actos y la interacción con el mundo en general - todo esto me parece tanto trabajo que a veces prefiero quedarme en mi casa encerrada escuchando música que fue compuesta hace años y mirar series que nada tienen de novedoso o significativo. Mi madre solía preocuparse mucho por esto cuando yo era pequeña: se ve que desde una edad temprana mostré la hilacha sin querer queriendo y el hecho de nacer en una familia excesivamente sociable no ayudaba. O quizás sí. 
Nunca supe realmente por qué los demás me perciben como una persona extrovertida y abierta, indiscutiblemente amiguera; aunque, mejor dicho, nunca supe por qué siempre me mostré así. Supongo que necesito despertar aquello que no suelo ver cuando estoy a solas, como si tuviera que balancear el goce propio con el mundo social. Siempre me dijeron que no podía vivir sólo en mí misma, que tenía que relacionarme con los demás, salir, tener novio, mostrarlo, mostrarme (con él en lo posible), pero nadie nunca me decía cómo y, peor aún, los ejemplos que me daban las mujeres de mi alrededor dejaban mucho que desear. Mi madre no tuvo suerte en el amor, o no de la manera que ella parecía querer, porque para mi tuvo mucha, de sobra. Y mi abuela también, sólo que su dolor fue siempre mayor a lo que el amor podía llegar a significar en su miserable existencia. 
Hoy es un día soleado y veo los pájaros volar, las copas de los árboles más brillantes en su parte superior, y el cielo de un azul limpio. Me pregunto si los colores de lo que veo son así por alguna razón o simplemente fueron puestos ahí de pura casualidad y el caos que los acomodó se ríe cuando me hago estas preguntas. Me gustaria saber si el árbol sabe que es árbol, y si el cielo sabe que es cielo, y los pájaros saben que son pájaros, y me gustaría que ellos también se hagan la pregunta de si les gusta su color, de si quieren ser de otro color, si anhelan volver a nacer para que las circunstancias sean diferentes (más favorables) y puedan estar contentos. También me gustaría que los edificios que se elevan desde la brea caliente se percataran que no pegan con esos colores; me gustaría que sepan que por más que tengan caras, que por más que yo pueda ver su interior a través de sus ventanas, que vea cómo se mueven esas pequeñas personas que son parecidas a mí, que se mueven y parecen hacer lo mismo que yo todos los días, como la chica de enfrente que tiende la ropa con el turbante recién salida de la ducha, y el chico que se apoyó en el umbral de la puerta a fumar un pucho y mirar el celular, no es el lugar para ellos. No lo decoran, no lo embellecen. Al contrario, todo lo que no es ellos embellece su existencia. Se pueden parar altaneros y soberbios gracias a todo lo otro que está ahí para que ellos logren llegar ahí; mientras las hojas de los árboles dibujan una danza que sólo acontece una vez - porque cada una es única - y, sin embargo, los edificios ni la notan.
Y ni las personitas dentro las notan, y quizás ellas también están ahí dentro escribiendo unas palabras que pueden llegar a parecerse a esto que estoy escribiendo ahora yo, en busca de una salvación al vacío de no poder estar ahí volando como el pajarito por encima de los árboles, o brillando como el sol o como todo eso que brilla a causa del sol, que no puede tocarme porque me hace sombra mi propio hogar, estas cuatro paredes y techo que me protegen son las que ahora me hacen sombra y no me dejan brillar.

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